En el gimnasio
Niño: Mamá, ¿me das un peso de diez?
Mamá: No, mijo, no existe eso, un peso es de un peso, y la moneda de diez pesos es de diez pesos.
Niño: Ah. Oye mamá, ¿me das un peso de diez?
Niño: Mamá, ¿me das un peso de diez?
Mamá: No, mijo, no existe eso, un peso es de un peso, y la moneda de diez pesos es de diez pesos.
Niño: Ah. Oye mamá, ¿me das un peso de diez?

Ojalá ese niño encuentre el entorno y las posibilidades de desarrollar sus facultades poéticas y no termine (como tantos) de tecnócrata en alguna institución de administración pública (sic).
el hemíptero “pxicólogo industrial”.